VIAJES POR EL SCRIPTORIUM PDF

Aducen al respecto que si Larva era un arduo engrudo verborreico, su obra posterior es epigonal y reiterativa. A contrario, Manchas nombradas, II, emancipa Visto y no visto que aparece como entidad propia. Con simplicidad y desenvoltura. Concisos y severos unos, perentorios y retozones otros. Esa actitud en contra es causa, posiblemente, de su ninguneo o de que apenas se le celebre. La historia tiene mucho que ver con las dos cosas.

Author:Vomi Tazuru
Country:Indonesia
Language:English (Spanish)
Genre:Spiritual
Published (Last):26 July 2017
Pages:50
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ISBN:500-6-57315-294-9
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Los pocos objetos que hay tienen una etiqueta con su nombre. Se sienten agraviados y ahora reclaman justicia. La novela deviene entonces una inquietante mise en abyme en la que resuenan ecos de las principales obras de Paul Auster y pasa a ser una pieza central e imprescindible en el complejo puzzle metaliterario del escritor neoyorquino. Incluso en la pared, que estrictamente hablando no es un objeto, hay un trozo de cinta adhesiva donde se lee PARED.

El anciano levanta un momento la vista, mira la pared, ve la etiqueta pegada en ella y, con voz queda, pronuncia la palabra pared. Lleva un pijama azul con rayas amarillas, y calza unas chancletas de cuero negras. Lo mismo puede decir de la puerta con su blanco picaporte de porcelana. Son simplemente un testimonio del paso del tiempo, la prueba visible. Dice en voz alta, con aire cansino: No debo permitirlo. Primero coge las fotos, tres docenas de retratos en blanco y negro de veinticinco por veinte de hombres y mujeres de diversas razas y edades.

Al cabo de unos veinte minutos, musita una sola palabra: Anna. Lo inunda un sentimiento de amor incontenible. No puedo correr riesgos. Yo no estoy seguro de nada. Con James. James P. Ay er le hice una visita. Estuvimos dos horas juntos. Quisiera verlo otra vez. En realidad, no. Eso me temo. Podemos salir y sentarnos en el parque, si lo prefiere. No tengo nada que ponerme. Ahora estoy en pijama y zapatillas. Eche una mirada al armario. El armario.

Creo que no. Es la persona que se ocupa de usted. A lo mejor es otra Anna. Lo dudo. Flood que acabamos de describir. No puede ser, murmura en voz queda, apenas audible. Inexplicablemente, esa descarga de sonido le infunde valor para seguir ley endo. El desierto empieza justo debajo de mi ventana.

De vez en cuando pasan soldados bajo mi ventana. Yo fui porque me lo ordenaron, y ahora he vuelto para presentar mi informe. De eso estoy completamente seguro. Lo importante es no hacerme ilusiones, no dejarme tentar por la esperanza.

Eso es todo lo que quiero ahora. Encontrarme al aire libre, alzar la cabeza hacia el inmenso cielo azul y acabar con la mirada perdida en el infinito. No necesariamente. La sonrisa, que parece combinar ternura y afecto, destierra sus miedos y le infunde un estado de calma y serenidad.

Si quiere que le diga la verdad, no recuerdo si he dormido o no. Significa que el tratamiento da resultado. Me alegro de que se haya acordado. Ayer no era capaz de recordarlo. Esta es Anna. Y usted…, usted tiene el pelo cano. No, en absoluto, contesta Anna.

Las pastillas forman parte del tratamiento. Me parece que no estoy enfermo. Teniendo en cuenta mi edad, me encuentro bastante bien. Seguro que tiene mucha hambre. Si no estoy enfermo, no voy a tragarme esas asquerosas pastillas. En eso quedamos.

Y esta vez ha de ser un beso de verdad. En la boca. Cuando Anna se incorpora, ya ha empezado a tomarse las pastillas. No se trata de un ligero estremecimiento, sino de un marcado y convulsivo tembleque que es incapaz de controlar. Es por su bien, le asegura Anna. Y no va a durar toda la vida.

Porque le quiero, contesta Anna. El retrete. No estoy seguro. Anna gira el pomo de porcelana blanco, y la puerta se abre. Sin embargo, mientras se dirige lentamente al retrete y empieza a bajarse los pantalones del pijama, siente unas ansias incontenibles de echarse a llorar.

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