EL PRISIONERO DE CHILLON LORD BYRON PDF

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Author:Faelrajas Duzil
Country:Cuba
Language:English (Spanish)
Genre:Career
Published (Last):2 October 2016
Pages:347
PDF File Size:10.8 Mb
ePub File Size:18.21 Mb
ISBN:511-8-54174-426-8
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I saw thee weep, Lord Byron Yo te vi llorar! Tu lgrima, ma, en tu pupila azul brillaba inquieta, como la blanca gota de roco sobre el tallo delicado de la violeta. Te vi rer! Y un frtil mayo, las rosas deshojadas por la brisa no pudieron dibujar en su desmayo la inefable expresin de tu sonrisa. As como las nubes en el cielo del sol reciben una luz tan bella, que la noche no borra con su beso, ni eclipsa con su luz la clara estrella.

Tu sonrisa transmite la fortuna al alma triste, y tu mirada incierta, deja una dulce claridad tan pura que llega al corazn despus de muerta. El entierro. The Burial, Lord Byron En el ao de Era unos aos mayor que yo, un hombre de fortuna considerable y de familia aristocrtica.

Ventajas que l ni devaluaba ni estimaba gracias a su gran capacidad. Algunas circunstancias singulares en su historia personal lo haban convertido para m en objeto de atencin, inters y hasta de estimacin, que no disminuan ni sus modales reservados ni los ocasionales atisbos de angustia que a veces le acercaban a la enajenacin. Yo era todava un joven y haba empezado a vivir temprano; pero mi intimidad con l era reciente: asistimos a las mismas escuelas y universidad; ms su paso por ellas me haba precedido, y l ya se haba iniciado a fondo en lo que se ha llamado el mundo, mientras yo todava permaneca en el noviciado.

Durante ese tiempo, escuch abundantes detalles, tanto de su vida pasada como de la presente y, aunque en estas narraciones haba muchas e irreconciliables contradicciones, poda yo inferir que l no era un ser comn, sino alguien que, aun cuando se esforzara por no ser prosaico, segua siendo notable.

Haba trabado conocimiento con l e intent conquistar posteriormente su amistad, pero pareca que sta era inalcanzable; los afectos que pudiera haber sentido aparentaban para entonces o haberse extinto o concentrarse en l. Tuve suficientes oportunidades para observar que sus sentimientos eran intensos; pues an cuando los poda controlar, le era imposible esconderlos por completo; sin embargo, tena la facultad de dar a una pasin la apariencia de otra, de modo que resultaba difcil definir la naturaleza de lo que suceda en su interior; y las expresiones de su rostro podan variar con tal rapidez, aunque ligeramente, que resultaba intil tratar de escrutar su origen.

Era manifiesto cmo lo dominaba una angustia incurable; pero nunca pude descubrir si era a causa de la ambicin, el amor, el remordimiento o la pena, de uno slo o de todos estos, o sencillamente por un temperamento mrbido, semejante a una enfermedad. Existan circunstancias supuestas que habran podido justificar su atribucin a cualquiera de estas causas; pero como antes dije, stas eran tan contrarias y contradictorias que ninguna poda considerarse definitiva.

Se supone, generalmente, que donde hay misterio existe tambin la perversidad: no s cmo pueda ser esto, pero es un hecho que en l exista el primero aunque no podra atestiguar los alcances de la segunda y estaba poco dispuesto, en lo que a l se refera, a creer en su existencia.

Reciba mi proximidad con bastante reserva; ms yo era joven y difcil para el desaliento; y, con el tiempo, tuve xito al entablar, hasta cierto punto, ese vnculo comn y esa confianza moderada de los intereses mutuos y cotidianos que crean la comunin de empeos, y la frecuencia de encuentros que se llama intimidad o amistad segn las ideas de quienes utilizan esas palabras para su expresin.

Darvell haba viajado ampliamente; me dirig a l para que me aconsejara respecto al viaje que pretenda realizar. Era mi deseo secreto que se dejara persuadir para acompaarme; adems, era una perspectiva improbable; basada en la vaga inquietud que haba observado en l y a la cual daban renovada fuerza el entusiasmo que pareca sentir hacia tales temas y su aparente indiferencia por todo lo que lo rodeaba muy de cerca. Al principio insinu mi deseo y despus lo expres abiertamente: su respuesta, aun cuando yo la esperaba en alguna medida, me dio todo el placer de una sorpresa: acept; y, al trmino de los preparativos necesarios, comenzamos nuestra jornada.

Despus de viajar por varios pases del sur de Europa, volvimos la atencin hacia el Este, de acuerdo con nuestro destino original; y fue en nuestro recorrido a travs de estas regiones que ocurri el incidente que da ocasin a mi relato.

La complexin de Darvell, que, dada su apariencia, deba haber sido en su juventud ms robusta de lo normal, estaba decayendo gradualmente desde algn tiempo atrs, sin que mediara ninguna enfermedad manifiesta: no tena tos ni tsis; sin embargo, cada da se debilitaba ms; sus hbitos eran moderados, no admita ni se quejaba de fatiga; no obstante, era evidente que se estaba consumiendo: se volva cada vez ms y ms taciturno e insomne y, por fin, se alter de tan notable manera que mi preocupacin aument de manera proporcional al peligro que yo consider le amenazaba.

A nuestra llegada a Esmirna, nos habamos propuesto ir a una excursin a las ruinas de feso y Sardis, de la cual intent disuadirlo debido a su indisposicin; pero en vano: pareca existir una opresin en su mente, y una solemnidad en sus modales que no correspondan con su ansiedad para seguir con lo que yo consideraba un simple viaje de placer, totalmente inadecuado para una persona delicada; pero no me opuse ms, y unos das despus partimos en compaa nicamente de un gua y un cargador.

Habamos recorrido la mitad del camino hacia los vestigios de feso, dejando atrs los contornos mas frtiles de Esmirna y nos adentrbamos en esa regin inhspita y deshabitada a travs de los pantanos y desfiladeros que llevan a las pocas chozas que an subsisten sobre las destrozadas columnas de Diana las paredes sin techo de la cristiandad expulsada y la an ms reciente pero total desolacin de las mezquitas abandonadas cuando la sbita y vertiginosa enfermedad de mi camarada nos oblig a detenernos en un cementerio turco, cuyas lpidas coronadas de turbantes eran el slo indicio de que la vida humana haba morado alguna vez en ese yermo.

La nica caravana que vimos haba quedado unas horas atrs; no se poda ver ni esperar vestigio alguno de pueblo o cabaa siquiera, y esta "ciudad de los muertos" pareca ser el nico refugio para mi desafortunado amigo, quien se vea prximo a convertirse en su siguiente morador. En esta situacin, busqu por los alrededores un lugar en el que pudiera reposar con ms comodidad: al contrario del aspecto usual de los cementerios orientales, los cipreses de ste eran escasos, esparcidos sobre toda la superficie; la mayora de las tumbas estaban derruidas y desgastadas por los aos: sobre una de las ms grandes y bajo de uno de los rboles ms frondosos, Darvell se apoy, inclinndose con gran dificultad.

Pidi agua. Yo dudaba que pudiramos encontrarla, aunque me dispuse ir a buscarla a pesar de mi desaliento: pero l deseaba que yo permaneciera con l; y volvindose hacia Suleiman, nuestro cargador, que fumaba con gran tranquilidad, le dijo: Suleimn, verbena su.

Era un pequeo pozo para camellos, algunos cientos de yardas a la derecha. El jenzaro obedeci.

BROSZURA INFORMACYJNA PIT 37 2011 PDF

Estimado usuario

I saw thee weep, Lord Byron Yo te vi llorar! Tu lgrima, ma, en tu pupila azul brillaba inquieta, como la blanca gota de roco sobre el tallo delicado de la violeta. Te vi rer! Y un frtil mayo, las rosas deshojadas por la brisa no pudieron dibujar en su desmayo la inefable expresin de tu sonrisa.

GENERALNA PROBA SAMOUBISTVA PDF

Castillo de Chillon, cómo llegar y su visita

Lord Byron. Ejemplo sublime se encuentra en el castillo de Chillon en la ciudad de Montreux. Lugar preferido al atardecer para contemplar su reflejo rojizo a la orilla del lago con el horizonte de los Alpes que enmarcan su figura. Su prisionero del relato fue una persona real. Soy el habitante de una fosa. Es la fidelidad a la fe de mi padre lo que me ha valido las cadenas y me ha puesto cerca de la muerte. En cada pilar hay una anilla, y en cada anilla una cadena.

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El Prisionero De Chillon, George Gordon Byron

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Prisionero de Chillon - Lord Byron.

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