LOS INFORTUNIOS DE LA VIRTUD MARQUES DE SADE PDF

Having watched documentaries about De Sade which depicted him as a dribbling sot in an institution for the insane, I had expected De Sade is obviously no fool, and his arguments are intelligently put. In this novel, De Sade still conforms to Victorian norms in the respect that even libertine, rebellious De Sade felt he had to wrap everything he said in euphemistic terms, in spite of the fact that the content of the novel and the gist of his rhetoric would indeed have been wildly shocking to most Victorian sensibilities. Compared to certain contemporary literature, such as some of the works of authors like Palanuik, for example in his novel Snuff , also, various writings of J. Ballard, Samuel R.

Author:Teshicage Karn
Country:Montenegro
Language:English (Spanish)
Genre:Automotive
Published (Last):24 February 2013
Pages:327
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ISBN:799-1-73380-646-8
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Los infortunios de la virtud El triunfo de la filosofa sera arrojar algo de luz sobre la oscuridad de los caminos de los que se sirve la providencia para alcanzar los fines que dispone para el hombre, y trazar a partir de aqu algn plan de conducta que pudiera dar a conocer a ese desdichado individuo bpedo, perpetuamente zarandeado por los caprichos de ese ser de quien se dice lo dirige de forma tan desptica, hallar, afirmo yo, algunas reglas, que pudieran hacerle comprender la forma en la que habra de interpretar los secretos de dicha providencia sobre l, el camino que ha de seguir para prevenirse de los extraos caprichos de esa fatalidad a la que se dan veinte nombres distintos, sin haber conseguido an definirla.

Porque partiendo de nuestras convenciones sociales, y sin alejarnos nunca del respeto que por ellas nos inculcaron mediante la educacin, ocurre desgraciadamente que por la perversidad de los otros, no hallamos encontrado jams sino espinas, mientras que los malvados recogan rosas, gentes dbiles y sin un fondo de virtud lo suficientemente contrastado para situarse por encima de las reflexiones provistas por estas tristes circunstancias, acaso no alcanzan a calcular, que ms vale dejarse llevar por la corriente que resistirse a ella, acaso no afirmarn que la virtud no importa lo bella que fuere, cuando desgraciadamente se vuelve demasiado dbil para luchar contra el vicio, se convierte en el peor partido que pueda tomar cualquier ser, y acaso en un siglo tan absolutamente corrupto lo ms seguro no ser actuar como los dems?

Aquellos algo ms instruidos si as se quiere, y abusando de las luces que han adquirido, acaso no dirn como el ngel Jesrad de Zadig que no hay ningn mal del que no nazca un bien; acaso no aadirn a esto por s mismos que puesto que se halla en la constitucin imperfecta de nuestro agitado mundo una suma de males iguales a la del bien, es esen21 Donatien-Aldonse-Franois, Marqus de Sade cial para el mantenimiento del equilibrio que haya igual nmero de buenas gentes que de malvadas, y que tal o cual sea preferiblemente bueno o malvado; que si la desgracia persigue a la virtud, y que la prosperidad acompaa casi siempre al vicio, siendo ambas cosas iguales a ojos de la naturaleza, vale infinitamente ms tomar partido entre el nmero de los malvados que prosperar que entre los virtuosos que perecen.

Es pues esencial prevenir estos sofismas peligrosos de la filosofa, esencial mostrar que los ejemplos de virtud desdichada presentados a un alma corrupta en la que sin embargo quedan an algunos principios de bondad, puede conducir a este alma hacia el bien con tanta destreza como si se le hubieran ofrecido en este camino de virtud las palmas ms brillantes y las ms halagadoras recompensas.

Es sin duda cruel tener que describir la multitud de desgracias que colman a la mujer dulce y sensible perfectamente respetuosa de la virtud, y por otra parte la ms brillante fortuna de aquella que la ha despreciado toda su vida; pero si nace sin embargo algn bien del trazo de ambos cuadros, habr entonces de reprocharme haberlos ofrecido al pblico? Estos son los sentimientos que ponen la pluma en nuestra mano, y es considerado su rectitud que le pedimos a nuestros lectores un poco de atencin mezclada de inters por los infortunios de la triste y miserable Justine, que les vamos a relatar.

Morena, muy alegre, y de esbelto talle, ojos negros con una expresin prodigiosa, un gran espritu y sobre todo ese discernimiento tan de moda que, prestndole un pice de sal de ms las pasiones, hace hoy por hoy salir en busca de mujer con ms cuidado en quien se sospecha que lo es; haba no obstante recibido la educacin ms brillante que se pudiera recibir; hija de un muy gran comerciante de la calle Saint-Honor, haba sido educada junto a una hermana tres aos ms joven que ella en uno de los mejores conventos de Pars, donde, hasta la edad de quince aos no se le haba negado consejo alguno, maestro alguno, ningn buen libro, ningn talento.

En esta poca fatdica para la virtud de una joven muchacha, todo le falt de un da para otro. Una terrible bancarrota precipit a su padre a una situacin tan cruel que todo lo que puedo hacer para escapar al destino ms siniestro fue huir rpidamente a Inglaterra, abandonando a sus hijas a su esposa que muri de tristeza ocho das despus de la marcha de su marido.

Uno o dos parientes que les quedaban a lo sumo, deliberaron sobre lo que haran con las jvenes, y una vez establecidas sus partes sumando estas aproximadamente cien escudos cada una, resolvieron abrirles las puertas, darles lo que les corresponda y hacerlas nicas dueas de sus actos. La seora de Lorsange que en aquel entonces se llamaba Juliette y cuyo carcter y espritu estaban casi tan formados como si hubiera tenido treinta aos, edad que contaba en el momento en que se desarrolla la ancdota que relatamos, slo pare23 Donatien-Aldonse-Franois, Marqus de Sade ci sensible al placer de ser libre sin reflexionar tan slo un instante a las crueles circunstancias que rompan sus cadenas.

En cuanto a Justine, su hermana, que acababa de alcanzar su duodcimo ao, de un carcter sombro y melanclico, dotada de una ternura, de una sensibilidad sorprendente, no tena, en cambio, el arte y la finura de su hermana, sino una ingenuidad, un candor, una buena fe que deban hacerla caer en gran cantidad de trampas, sinti todo el horror de su posicin.

Esta joven muchacha tena una fisonoma completamente distinta de la de Juliette; tanto se perciba el artificio, el engao, la coquetera en los rasgos de una, como se admiraban el pudor, la delicadeza y la timidez en la otra. Un aire de virgen, grandes ojos azules llenos de curiosidad, una piel resplandeciente, un talle fino y ligero, una voz de un sonido conmovedor, el alma ms bella y el carcter ms dulce, dientes de marfil y magnficos cabellos rubios, as es el retrato de una joven encantadora cuyas gracias ingenuas y los deliciosos rasgos son demasiado finos y delicados para no escapar al pincel que quisiera plasmarlos.

Les dieron a una y a otra veinticuatro horas para abandonar el convento, dejndolas al cuidado de proveerse con sus cien escudos donde les conviniera.

Juliette, encantada de ser su propia ama, quiso un instante enjugar las lgrimas de Justine, pero percatndose de no lo conseguira se puso a reirla en vez de consolarla, le dijo que era una necia y que con la edad y las figuras que tenan, no haba ejemplo alguno de muchachas que se murieran de hambre; le cit a la hija de una de las vecinas, que habindose escapado de la casa de su padre, era ahora lujosamente mantenida por un recaudador de impuestos y se paseaba en carroza por Pars.

Justine se horroriz por aquel ejemplo pernicioso, dijo que preferira antes morir que seguirlo y se neg decididamente a aceptar alojarse junto a su hermana; tan pronto la vio decidida, por el tipo de vida abominable del que Juliette le 24 Los infortunios de la virtud hablaba con elogios Las dos hermanas se separaron entonces sin promesa alguna de volverse a ver, puesto que sus intenciones eran tan diferentes.

Juliette que iba, as lo pretenda, a convertirse en una gran dama, acaso consentira en volver a ver a una muchacha cuyas inclinaciones virtuosas y bajas la deshonraran, y por su lado acaso Justine querra poner en riesgo su conducta asocindose a una criatura perversa que iba a convertirse en vctima del vicio y del desenfreno pblicos?

Entonces cada una busc sus recursos y abandon el convento a partir del da siguiente como estaba convenido. Justine acariciada an siendo una nia por la costurera de su madre, se imagin que aquella mujer sera sensible a su destino.

Fue a buscarla, y le cont su desdichada posicin, le pidi trabajo y fue por todo ello rechazada con dureza. Oh cielos! Desgraciadamente, es que soy hurfana y pobre Justine percatndose de ello fue en busca del cura de su parroquia, y le pidi algunos consejos, pero el caritativo eclesistico, le respondi que la parroquia estaba sobrecargada, que era imposible que pudiera tomar parte de las limosnas, que sin embargo si ella quisiera servirle, gustosamente la alojara en su casa; pero como diciendo esto el santo varn le haba pasado la mano por el mentn dndole un beso demasiado mundano para un hombre de iglesia, Justine que no lo haba comprendido sino 25 demasiado bien, se retir con presteza, dicindole: Seor, no le pido limosna, ni plaza como sirviente, no hace mucho que he perdido una condicin por encima de la que me puede hacer solicitar esas gracias para verme reducida a ello; le pido aquellos consejos de los que necesitan mi juventud y mi corazn, y usted quiere que yo los compre mediante el crimen El cura indignado por este trmino abri la puerta, la expuls con violencia, y Justine, por dos veces rechazada desde el primer da que se encuentra condenada a la soledad, entra en una casa en la que ve un escrito, alquila una pequea habitacin amueblada, la paga por adelantado y en ella se abandona a gusto a la tristeza que le inspira su estado y la crueldad de las pocas personas con las que su desdicha le ha obligado a tener que ver.

El camino estuvo lleno de espinas A la salida del convento, Juliette fue simplemente a buscar a una mujer que haba odo nombrar a esa amiga de su vecindario que se haba pervertido y de la que recordaba la direccin; y all lleg descaradamente con su paquete bajo el brazo, un vestidito desarreglado, la figura ms bonita del mundo, y un aspecto de escolar; le cuenta su historia a aquella mujer, y le suplica que la proteja como lo haba hecho haca algunos aos con su antigua amiga.

La Sra. Du Buisson cogi el pequeo paquete de Juliette y le pregunt si no tena algn dinero y sta habindole confesado con demasiada franqueza que tena cien escudos, la querida mam tom posesin de ellos asegurndole a su joven discpula que invertira esos pequeos fondos en su provecho, pero que no era oportuno que la muchacha tuviera dinero Una vez acabado el sermn, la recin llegada fue presentada a sus compaeras, le indicaron cual era su habitacin en la casa y desde el da siguiente, sus primicias estuvieron en venta; en un plazo de cuatro meses, la misma mercanca fue sucesivamente vendida a ochenta personas quienes la pagaron todos como nueva, y no fue sino al cabo de este espinoso seminario que Juliette tom la patente de hermana conversa.

Desde aquel momento fue verdaderamente reconocida como seorita de la casa y comparti sus fatigas libidinosas Juliette corrompi su conducta por completo en este segundo aprendizaje y los triunfos que obtuvo mediante el vicio degradaron por completo su alma; sinti que, nacida para el crimen, deba al menos dedicarse a ello a lo grande, y renunciar a languidecer en un estado subalterno que obligndola a cometer las mismas faltas, y envilecindola en igual medida, no le reportaba ni de lejos el mismo beneficio.

Le gust a un viejo y noble seor muy depravado que primero no la haba hecho venir sino para una aventura de un cuarto de hora, y tuvo el arte de conseguir hacerse mantener magnficamente por l y se mostr por fin en los espectculos, en los paseos junto a las ms exquisitas de la orden de Citeres; fue vista, la citaban, la envidiaban, y a la muy pcara se le dio tan bien que en cuatro aos haba arruinado a tres hombres, el ms pobre de entre los cuales dispona de cien mil escudos de rentas.

No le hizo falta ms que forjarse una reputacin; la ceguera de las gentes de este siglo es tal, que cuanto ms ha probado una de estas desdichadas su deshonestidad, ms envidia se tiene de hallarse en su lista, parece que el grado de su envilecimiento y de su corrupcin se convierten en la medida de los sentimientos que se atreven a mostrar por ella.

Juliette acababa de alcanzar su vigsimo ao cuando un conde de Lorsange, un gentilhombre angevino de unos cuarenta aos de edad, qued tan prendado de ella que resolvi darle su nombre, no siendo lo bastante rico para mantenerla; le reconoci doce mil libras de rentas, le prometi el resto que ascenda a ocho, si ocurra que falleciera antes que ella, le dio una casa, servidumbre, signos de distincin, y una especie de considera29 Donatien-Aldonse-Franois, Marqus de Sade cin en el mundo que consigui en dos o tres aos hacer olvidar sus comienzos.

Fue entonces, cuando la desdichada Juliette olvidando todos los sentimientos de su nacimiento honrado y de su buena educacin, pervertida por las malas lecturas y malos consejos, acuciada por disfrutar sola, por tener un nombre, y ninguna cadena, se atrevi a abandonarse al pensamiento culpable de abreviar los das de su esposo Lo concibi y lo ejecut desgraciadamente con el suficiente secreto para quedar a salvo de persecucin, y para enterrar con aquel esposo molesto todo rastro de su abominable crimen.

Habiendo recobrado su libertad y hallndose condesa, Madame de Lorsage volvi a sus antiguas costumbres pero creyendo ser algo en el mundo, puso en ello un poco ms de decencia; ya no era una muchacha mantenida, era una viuda rica que daba bonitas cenas, en las que la ciudad y la corte no eran sino demasiado felices de ser admitidas, y que sin embargo se acostaba por doscientos luises y se entregaba por quinientos al mes.

Hasta los veintisis aos hizo an brillantes conquistas, arruin a tres embajadores, a cuatro recaudadores de impuestos, dos obispos y tres caballeros de las rdenes del rey, y como es extrao detenerse tras un primer crimen sobre todo cuando ha tenido un feliz desenlace, Juliette, la desdichada y culpable Juliette, se ennegreci con dos nuevos crmenes parecidos al primero, uno de ellos por robar a uno de sus amantes que le haba confiado una considerable suma cuya existencia desconoca toda su familia y que Madame Lorsange puedo poner a buen recaudo mediante este odioso crimen, el otro para conseguir con antelacin una herencia de cien mil francos que uno de sus adoradores haba incluido en su testamento a su favor a nombre de un tercero que deba entregar la suma a cambio de una pequea retribucin.

A estos horrores, Madame de Lorsange sumaba dos o tres infanticidios; el temor a estropear su bello talle, el deseo de 30 Los infortunios de la virtud ocultar una doble intriga, todo le hizo tomar la resolucin de hacerse abortar en varias ocasiones, y estos crmenes ignorados como los otros no le impidieron a esa hbil y ambiciosa criatura encontrar cada da nuevos primos y engordar a cada instante su fortuna a medida que acumulaba crmenes.

No es desgraciadamente sino demasiado cierto que la prosperidad puede acompaar al crimen y que en el mismo seno del desorden y de la corrupcin ms reflexiva, todo lo que los hombres llaman felicidad puede dorar el hilo de la vida; pero que esta cruel y fatdica verdad no sea motivo de alarma, que aquella de la que pronto ofreceremos como ejemplo, de la desgracia persiguiendo al contrario a la virtud all donde se encuentre, no atormente an ms el espritu de las gentes honradas.

Esta prosperidad del crimen no es sino aparente; con independencia de la providencia que debe necesariamente castigar tales xitos, el culpable alberga en el fondo de su corazn un gusano que le corroe sin cesar, le impide disfrutar de ese destello de felicidad que le rodea y no le deja en su lugar sino el recuerdo desgarrador de esos crmenes que se la han procurado.

Con relacin a la desgracia que atormenta a la virtud, al infortunado al que el destino persigue tiene por consuelo a su conciencia, y los gozos secretos que obtiene de su pureza pronto le resarcen de la injusticia de los hombres. Esta era pues la situacin de Madame de Losange cuando el Sr. Bien por atencin, bien por procedimiento, bien por sabidura por parte de Madame de Lorsange, lo haba conseguido y haca cuatro aos que ya que viva con ella perfectamente como esposa legtima, cuando una tierra esplndida que acabada de comprarle cerca de Montargis, les haba resuelto a ambos ir all a pasar algunos meses de verano.

Una tarde del mes de junio en la que el buen tiempo les haba hecho ir de paseo hasta la ciudad, de31 Donatien-Aldonse-Franois, Marqus de Sade masiado cansados para poder volver de la misma forma, haban entrado en un albergue en el que para la diligencia de Lyon, con el propsito de enviar desde all un hombre a caballo a buscarles un coche al castillo; descansaban en una sala fresca en la planta que daba al patio, cuando la diligencia que acabamos de nombrar lleg a la casa.

Es un entretenimiento natural el considerar a los viajeros, no hay nadie quien en un momento de ociosidad no lo llene con esta distraccin cuando se presenta. Madame de Lorsange se levant, su amante la sigui y vieron entrar en la fonda a toda la sociedad viajera.

Pareca que ya no quedaba nadie en el coche cuando un jinete de gendarmera, bajando del coche, recogi en sus brazos, de uno de sus compaeros aparentemente desde dentro del mismo lugar, a una joven de unos veintisis aos, envuelta en una psima esclavina de algodn y atada como una criminal.

Un grito de horror y de asombro se le escap a Madame de Lorsange, la joven muchacha se volvi, y mostr unos rasgos tan dulces y tan delicados, un talle tan fino y tan desenvuelto que el Sr. El Sr. De Corville, no podra tratarse de unas de esas meteduras de pata tan comunes en los tribunales subalternos?

Y dnde se cometi el delito? Madame de Lorsange, que se haba acercado y escuchaba el relato, en voz baja le expres su deseo al Sr. Contarle la historia de mi vida, seora, dijo aquella bella desafortunada dirigindose a la condesa, es ofrecerle el ejemplo ms sorprendente de las desdichas de la inocencia y de la virtud. Es acusar a la providencia, es lamentarse de ella, es una especie de crimen y no me atrevo Cayeron abundantes lgrimas de los ojos de la pobre muchacha, y despus de darles curso durante un rato retom su relato en los siguientes trminos.

Perd a mis padres siendo an muy joven, cre que con los pocos recursos que me haban dejado podra alcanzar una situacin honrada negndome constantemente a aceptar aquellas que no lo eran, y me com, sin percatarme de ello lo poco de lo que dispona; cuanto ms me empobreca, ms era despreciada; cuanto ms auxilio necesitaba, menos poda esperar obtenerlo o an ms indignos e ignominiosos eran los que me proponan.

De todas las asperezas que experimentaba en esta desgraciada situacin, de todas aquellas propuestas horribles que me hicieron, os citar nicamente lo que me ocurri en la casa de Sr.

Dubourg, uno de los ms ricos comerciantes de la capital. Me haban dirigido a l como a uno de los hombres cuyo crdito y riqueza podan con mayor certeza aliviar mi destino, pero aquellos que me haban dado ese consejo, o quisieron engaarme, o no conocan la dureza del alma de aquel hombre, ni lo depravado de sus costumbres.

Despus de haber esperado dos horas en su antecmara, por fin entr; el Sr. Dubourg de unos cuarenta y cinco aos, acababa de salir de la cama envuelto en un camisn ancho que apenas ocultaba su enmaraamiento; se disponan a peinarlo, hizo salir a su ayudante de cmara, y me pregunt que qu era lo que quera.

Seor, desgraciadamente -le respond- soy una pobre hurfana que an no ha cumplido catorce aos y que ya conoce todos los matices del infortunio. Entonces le cont con detalle mis reveses, las dificulta35 Donatien-Aldonse-Franois, Marqus de Sade des en situarme, la desgracia de haberme comido lo poco que posea mientras buscaba, los rechazos que haba tenido y las dificultades que tena para encontrar faena o en una tienda o en mi habitacin, y las esperanzas que albergaba en que l me facilitara un medio de sustento.

Despus de haberme escuchado con bastante atencin, el Sr. Dubourg me pregunt si siempre haba sido buena. Y es all donde debis dirigiros; esa virtud de la que tanta gala hacis, no sirve para nada en el mundo, por mucho que la exhiba, y no os procurar ni tan si quiera un vaso de agua. Las personas como nosotros que todo lo ms que hacemos es dar limosna, es decir, una de las cosas en las que menos nos entregamos y que ms nos repugnan, aspiran a ser recompensadas por el dinero que se sacan de sus bolsillos, y que es lo que una seorita como vos puede dar en compensacin de ese auxilio, si no es el abandono ms completo a todo aquello que de ella se quiera exigir?

El buen nombre de un hombre liberal, dadivoso, generoso, no vale para m la ms ligera sensacin de los placeres que puede usted proporcionarme; sobre lo cual estn de acuerdo casi todos los hombres de mi edad que comparten mis gustos, os complaceris, hija ma, de que os auxilie nicamente a cambio de vuestra obediencia a todo aquello que me complacer exigir de vos.

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