EL QUINTO SIERVO KENNETH WISHNIA PDF

Alexa Actionable Analytics for the Web. El quinto siervo — A01, Kenneth Wishnia — Google Books The quintoo of learning and reading and language as qkinto tool for rising above circumstances of all kinds was also a big hit with me. Gobernada por el emperador Rodolfo II, la ciudad es un refugio para los judios que viven dentro de las paredes cerradas del barrio. Amazon Second Chance Pass it on, trade it in, give it a second life. He traveled from his home in Poland, following his wife, a woman who feels betrayed by him. The city qiunto a refuge for Jews, but their lives are jeopardized when a young Christian girl is found with her throat slashed in a Jewish shop.

Author:Dougul Fenrikree
Country:Zimbabwe
Language:English (Spanish)
Genre:Environment
Published (Last):28 March 2006
Pages:435
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ISBN:236-4-36506-755-8
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El quinto siervo Captulo 1 Me despert un grito lejano. Me incorpor y mir por la ventana del desvn, ms all de los tejados puntiagudos que se alineaban al norte de la Calle Ancha, que los judos de habla alemana llamaban Breitgasse. Era demasiado temprano para ver el horizonte.

La ciudad y el cielo formaban una sola e inextricable masa, y los ecos cada vez ms dbiles de aquel grito se evaporaban en el aire como el aliento condensado que senta brotar de mi boca. Comparta cama con dos desconocidos el ayudante del mikveh y un barrendero, y en aquel maldito cuarto haca un fro tremendo.

Aunque segn el calendario la primavera haba llegado, el invierno todava se mostraba en toda su crudeza, y mis huesos me decan que iba a llover; siempre diluviaba durante lo que los cristianos llaman Viernes Santo.

Habra apostado cinco monedas de oro a que as sera, pero all no haba nadie que aceptara mi apuesta, ni yo dispona de las cinco monedas de oro. Quien me hubiera vaciado los bolsillos slo habra hallado unos tristes peniques y una gasa resistente que haba viajado conmigo desde el reino de Polonia. Algo, sin embargo, me mantena despierto. Como est escrito en el Libro de Esther, el rey no encuentra descanso, y yo escuchaba atentamente, la cabeza an embotada de sueo. Ahogado, fantasmal, un grito lejano sobrevol las callejuelas del Barrio Judo: Gertaaa!

Se me eriz el vello de los brazos, como si el espritu de Dios, tras atravesar mi cuerpo, hubiera abandonado el dormitorio. Si una nia cristiana desapareca de su lecho, no haba duda de que nos acusaran a nosotros; de pronto me vi reducido a ser un judo ms en una ciudad que nos toleraba, rodeado de un imperio lleno de personas que nos odiaban. Acaso haba llegado desde la tranquila poblacin de Slonim para acabar masacrado por un hatajo de cruzados modernos?

La sombra de Acosta cubri el umbral de la puerta. Eh, t, el nuevo, shlof gijer, me darf di betgevant. Duerme deprisa, necesito las sbanas, me deca el vigilante nocturno, cuyo tosco yiddish estaba suavizado por las erres arrastradas y las vocales abiertas de su acento sefard.

Has odo esos gritos? Hay algn problema en la calle? De eso ya se ocuparn los guardias. T ocpate de tu ronda matutina, de acuerdo? Cuando me levant en busca de la jofaina y el aguamanil, o que me crujan las rodillas.

En los dos camastros del cuarto se apiaban siete personas. Tres hombres en uno y una familia de campesinos en el otro, que formaban parte de las hordas que todos los aos acudan a visitar la ciudad imperial durante la semana que iba del Shabbes Hagodl a la Pesach.

Los pueblerinos se haban lavado bien para la celebracin del Gran Sabbat, pero sus ropas seguan impregnadas del olor acre de los establos. El vigilante nocturno se fij en ellos y coment: Qu? No haba sitio para la cabra? Tuve que cubrirme la boca para ahogar la risa. No estaba bien que fuera por ah bromeando hasta que me hubiera librado de los malos espritus que se haban apoderado de mis manos mientras dorma y hubiera pronunciado las primeras oraciones de la nueva jornada.

Por suerte, el rabino de Slonim me haba enseado a deshacerme de aquellos demonios invisibles lavndome las manos en una palangana llena de agua estancada. Todos los aos, durante el Shabbes Hagodl, escuchamos las palabras del Seor a su siervo Malaquas: He aqu que os envo al profeta Elas antes de que venga el da de Jehov, grande y terrible.

Entonces observamos y aguardamos la aparicin de un desconocido misterioso que llega alrededor de estas fechas, y pide sentarse con nosotros durante el Seder. Y, ay de la familia que rechace al desconocido! Porque podra ser el mismsimo heraldo del Mesas. Cuando los romanos destruyeron el templo de Jerusaln, lo reconstruimos con palabras y lo llamamos Talmud: un templo de ideas que podemos llevar a cuestas all adonde vayamos.

Me concentr sobre todo en la parte que dice que debemos ensear a nuestros hijos la palabra de Dios para prolongar nuestros das y los suyos. Todava no haba llegado al pie de la destartalada escalera cuando o a Perl, la mujer del rabino, ordenando a los criados que limpiaran la casa de jumets, los ltimos restos de pan con levadura.

De modo que esa maana no hubo avena, ni gachas, ni kasba que aplacaran los rugidos de mi estmago; slo una taza de caldo de pollo y unas ciruelas pasas correosas. Hanneh, la cocinera, no pensaba malgastar ni un pedazo de carne en el nuevo ayudante del shammes. Rode la taza de barro cocido con los dedos, para calentrmelos, mientras a mi alrededor no cesaba el estrpito de cazuelas y de puertas que se abran y cerraban.

A pesar del ruido, o que Avrom Jayim, el viejo sacristn, le deca a la cocinera: Para qu necesitamos a un quinto shulklaper? Como si a una carreta le hiciera falta una quinta rueda! Pero, aunque parezca mentira, Hanneh sali en mi defensa y replic al viejo que el gran rabino Judah Loew saba lo que haca. Haba odo que el recin llegado de Polonia era estudiante y escriba, y que slo llevaba unos das en Praga, sin derecho a residencia, cuando el gran rabino Loew apreci en l cualidades prometedoras y lo nombr ayudante del shammes de la sbul de Klaus, la menor de las cuatro sinagogas que daba servicio a los fieles del gueto.

Tal vez Hanneh estuviera pensando en su esposo, muerto haca ya muchos aos, porque termin hundiendo un cucharn en la enorme cacerola y ofrecindome un cuello de pollo hervido.

Agradec una de las primeras muestras de amabilidad que me dedicaban en aquel lugar nuevo y extrao. Chup los huesos hasta dejarlos limpios y me acerqu al espejo para limpiarme la grasa de la barba. Con cierta resignacin constat que a mis sienes asomaban algunas canas prematuras. Pero entonces regresaron a mi mente los gritos incorpreos que me haban levantado de la cama, y al momento me pareci que unos pocos cabellos blancos no eran para tanto. Encontr al maestro cubrindose con el tallis.

Qu deberamos hacer, rabino? Prepararnos para un asalto? T ocpate de tus obligaciones, Benyamin Ben-Akiva respondi. Dios nos mostrar el camino a su debido tiempo.

La shul de Klaus ocupaba la esquina de una callejuela de mala reputacin, entre la Calle del Embarcadero y el cementerio. Prest atencin, por si llegaba hasta a m el rumor de los espritus, antes de levantar el bastn y golpear con l la puerta estrecha, de doble hoja, y de rogar a quienes oraban dentro que regresaran a su descanso eterno.

Extraje las grandes llaves de hierro, que, fras, campanillearon entre mis dedos, busqu la que encajaba en la cerradura y abr la sinagoga para los servicios del shajres. Me quit el sombrero de lana y me puse el yarmulke de lino. Permanec un instante sobre el estrado de la shul vaca y enton el salmo que se pronunciaba para mantener a raya a los espritus inquietos.

La meloda reverber en la glida atmsfera. Nunca haba dicho que cantara bien. De nuevo en el exterior, escuch el silencio y rec por que no se viera rasgado por el sonido de botas y cristales rotos. Desanduve mis pasos y me dirig hacia el este, por la Schwarzengasse, hasta las casas judas ms alejadas, situadas ms all del gueto, en las calles Geist y Wrfel, que pertenecan a la zona cristiana de Praga.

Cuando se establecieron los lmites del gueto tras el decreto papal de , varias construcciones judas quedaron fuera de la lnea de demarcacin, incluido lo que se conservaba de la sinagoga vieja, y los rebeldes de Bohemia se jactaban de ignorar las voces que exigan que no se permitiera a ningn judo residir ms all de la zona asignada.

Con todo, ninguno viva a ms de un minuto de la puerta principal del gueto, por si deban guarecerse ante un atisbo de tormenta. Tal vez a los judos de Praga aquello les pareciera bien, pero yo no estaba acostumbrado a que me enjaularan de ese modo, tras un muro. Los vigilantes an no haban terminado el cambio de turno. Los de la noche parecan magullados y exhaustos, la tensin de sus rostros denotaba el estado de agitacin en que se hallaban.

Sin embargo, de algn modo, yo todava albergaba la esperanza de terminar temprano para poder ir a ver a Reyzl, pues saba que ms tarde estara ocupada ayudando a su familia a prepararse para la Pesach, que ese ao caa en vspera del shabbes, cuando toda actividad deba cesar media hora antes de la puesta del sol. Algunas mujeres cargaban pesados cubos para la gran campaa de limpieza de primavera, y baldeaban agua jabonosa en los peldaos de las escaleras que conducan a sus casas, as como en el empedrado recin instalado.

Tuve que adelantar a un aprendiz de carnicero que llevaba en la cabeza un cesto grande, lleno de carne, y esquivar a unos canteros que labraban adoquines. Dos judos entregaban unos sacos de harina a un par de cristianos, para que stos les guardaran el jumets prohibido durante los siguientes ocho das. La imponente Puerta de Levante se alzaba ante m. Encerrados, sin otro sitio adonde ir, los judos haban construido unas casas sobre otras, a lo largo de las callejuelas del Barrio Judo.

Tras varios aos alejado de la vida urbana, me haba acostumbrado a los senderos cubiertos de hierba y a las extensiones de pastos que rodeaban Slonim, que apaciguaban mi espritu y me ayudaban a hablar con Dios.

Cmo era posible hacerlo en una calle como aqulla? A menos que fuera para implorarle ayuda, claro est. Detente ahora mismo! Dnde est tu insignia de judo? Mi qu? Escucha, forastero, tienes que llevar la insignia juda cada vez que abandonas el gueto.

Lo entiendes? S, seor. Me acerqu corriendo a la casa sobre cuya puerta se distingua el len de Jud, cincelado en piedra, y convenc a una de las criadas cristianas que abandonara momentneamente sus obligaciones y me cosiera un crculo amarillo en la capa.

En Slonim esas cosas no sucedan. Regres a toda prisa junto al guardin de la puerta, que me dej pasar al ver que llevaba el gelber flek, la mancha amarilla que exiga un decreto imperial, el Reichspolizeiordnung. La calle que quedaba al otro lado del gueto era tranquila comparada con Schwarzengasse.

Slo algunas putas y algunos soldados borrachos que se negaban a dar por terminada la noche se cruzaban con criadas recin levantadas y tenderos de mejillas sonrosadas y redondas como buuelos de manzana. Su aspecto era de lo ms inofensivo, pero yo saba muy bien que el ms alegre de los rostros cristianos poda volverse torvo apenas se lanzara una acusacin contra nosotros.

As, evitaba mirar a los ojos a nadie mientras avanzaba por Geistgasse, pisando la fina capa de escarcha que cubra las piedras viejas. Dos ratas pasaron corriendo entre mis pies, siguiendo el rastro de una masa viscosa de roedores que se agolpaba alrededor de un pedazo de carne que haba cado al suelo, y al sentir que me rozaban di tal brinco que estuve a punto de dejar las botas clavadas en el suelo.

Yo haba visto muchos ratones de campo en mi vida, pero aquellas ratas de ciudad eran enormes. Me apart como pude, y el carromato pas de largo a toda prisa, y a punto estuvo de aplastarme bajo sus ruedas. El carretero azotaba a los caballos con el ltigo, mientras su ayudante, un joven corpulento, se agarraba de donde poda para no caerse.

En su estampida, casi atropellan a una diminuta criada cristiana en el momento de tomar la curva y enfilar Stockhausgasse, pero finalmente se esfumaron sin causar daos. El corazn me lata con fuerza, y esperaba que nadie se hubiera percatado de mi expresin de pnico. En aquellos das, Bohemia era un lugar relativamente seguro para los judos, sin duda bastante ms que otras regiones del Imperio germnico, donde protestantes y catlicos luchaban por controlar el corazn de Europa desde que unas dcadas atrs los reformistas se haban escindido de la Iglesia de Roma.

Aunque durante cierto tiempo pareca sensato retirarse y dejar que se pelearan entre ellos, segn un refrn en yiddish Ante una presa, el gato y el ratn hacen las paces. Y en primavera siempre se levantaba la veda a los judos.

FOUR-DIMENSIONALISM AN ONTOLOGY OF PERSISTENCE AND TIME PDF

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El quinto siervo Captulo 1 Me despert un grito lejano. Me incorpor y mir por la ventana del desvn, ms all de los tejados puntiagudos que se alineaban al norte de la Calle Ancha, que los judos de habla alemana llamaban Breitgasse. Era demasiado temprano para ver el horizonte. La ciudad y el cielo formaban una sola e inextricable masa, y los ecos cada vez ms dbiles de aquel grito se evaporaban en el aire como el aliento condensado que senta brotar de mi boca. Comparta cama con dos desconocidos el ayudante del mikveh y un barrendero, y en aquel maldito cuarto haca un fro tremendo. Aunque segn el calendario la primavera haba llegado, el invierno todava se mostraba en toda su crudeza, y mis huesos me decan que iba a llover; siempre diluviaba durante lo que los cristianos llaman Viernes Santo.

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El Quinto Siervo - Kenneth Wishnia

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