EL ENTIERRO PREMATURO EDGAR ALLAN POE PDF

La dama fue depositada en la cripta familiar, que permaneci cerrada durante los tres aos siguientes. Al expirar ese plazo se abri para recibir un sarcfago, pero, ay, qu terrible choque esperaba al marido cuando abri personalmente la puerta! Al empujar los portones, un objeto vestido de blanco cay rechinando en sus brazos. Era el esqueleto de su mujer con la mortaja puesta. Una cuidadosa investigacin mostr la evidencia de que haba revivido a los dos das de ser sepultada, que sus luchas dentro del atad haban provocado la cada de ste desde una repisa o nicho al suelo, y al romperse el fretro pudo salir de l.

Author:Shaktilmaran Maugrel
Country:Chad
Language:English (Spanish)
Genre:Science
Published (Last):19 October 2019
Pages:442
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La dama fue depositada en la cripta familiar, que permaneci cerrada durante los tres aos siguientes. Al expirar ese plazo se abri para recibir un sarcfago, pero, ay, qu terrible choque esperaba al marido cuando abri personalmente la puerta! Al empujar los portones, un objeto vestido de blanco cay rechinando en sus brazos.

Era el esqueleto de su mujer con la mortaja puesta. Una cuidadosa investigacin mostr la evidencia de que haba revivido a los dos das de ser sepultada, que sus luchas dentro del atad haban provocado la cada de ste desde una repisa o nicho al suelo, y al romperse el fretro pudo salir de l. Apareci vaca una lmpara que accidentalmente se haba dejado llena de aceite, dentro de la tumba; puede, no obstante, haberse consumido por evaporacin.

En los peldaos superiores de la escalera que descenda a la espantosa cripta haba un trozo del atad, con el cual, al parecer, la mujer haba intentado llamar la atencin golpeando la puerta de hierro. Mientras haca esto, probablemente se desmay o quizs muri de puro terror, y al caer, la mortaja se enred en alguna pieza de hierro que sobresala hacia dentro.

All qued y as se pudri, erguida. En el ao tuvo lugar en Francia un caso de inhumacin prematura, en circunstancias que contribuyen mucho a justificar la afirmacin de que la verdad es ms extraa que la ficcin. La herona de la historia era mademoiselle [seorita] Victorine Lafourcade, una joven de ilustre familia, rica y muy guapa. Entre sus numerosos pretendientes se contaba Julien Bossuet, un pobre littrateur [literato] o periodista de Pars.

Su talento y su amabilidad haban despertado la atencin de la heredera, que, al parecer, se haba enamorado realmente de l, pero el orgullo de casta la llev por fin a rechazarlo y a casarse con un tal Monsieur [seor] Rnelle, banquero y diplomtico de cierto renombre. Despus del matrimonio, sin embargo, este caballero descuid a su mujer y quiz lleg a pegarle. Despus de pasar unos aos desdichados ella muri; al menos su estado se pareca tanto al de la muerte que enga a todos quienes la vieron.

Fue enterrada, no en una cripta, sino en una tumba comn, en su aldea natal. Desesperado y an inflamado por el recuerdo de su cario profundo, el enamorado viaj de la capital a la lejana provincia donde se encontraba la aldea, con el romntico propsito de desenterrar el cadver y apoderarse de sus preciosos cabellos. Lleg a la tumba. A medianoche desenterr el atad, lo abri y, cuando iba a cortar los cabellos, se detuvo ante los ojos de la amada, que se abrieron.

La dama haba sido enterrada viva. Las pulsaciones vitales no haban desaparecido del todo, y las caricias de su amado la despertaron de aquel letargo que equivocadamente 3 haba sido confundido con la muerte. Desesperado, el joven la llev a su alojamiento en la aldea. Emple unos poderosos reconstituyentes aconsejados por sus no pocos conocimientos mdicos. En resumen, ella revivi.

Reconoci a su salvador. Permaneci con l hasta que lenta y gradualmente recobr la salud. Su corazn no era tan duro, y esta ltima leccin de amor bast para ablandarlo.

Lo entreg a Bossuet. No volvi junto a su marido, sino que, ocultando su resurreccin, huy con su amante a Amrica. Veinte aos despus, los dos regresaron a Francia, convencidos de que el paso del tiempo haba cambiado tanto la apariencia de la dama, que sus amigos no podran reconocerla. Pero se equivocaron, pues al primer encuentro monsieur Rnelle reconoci a su mujer y la reclam. Ella rechaz la reclamacin y el tribunal la apoy, resolviendo que las extraas circunstancias y el largo perodo transcurrido haban abolido, no slo desde un punto de vista equitativo, sino legalmente la autoridad del marido.

La Revista de Ciruga de Leipzig, publicacin de gran autoridad y mrito, que algn editor americano hara bien en traducir y publicar, relata en uno de los ltimos nmeros un acontecimiento muy penoso que presenta las mismas caractersticas. Un oficial de artillera, hombre de gigantesca estatura y salud excelente, fue derribado por un caballo indomable y sufri una contusin muy grave en la cabeza, que le dej inconsciente.

Tena una ligera fractura de crneo pero no se percibi un peligro inmediato. La trepanacin se hizo con xito. Se le aplic una sangra y se adoptaron otros muchos remedios comunes. Pero cay lentamente en un sopor cada vez ms grave y por fin se le dio por muerto. Haca calor y lo enterraron con prisa indecorosa en uno de los cementerios pblicos. Sus funerales tuvieron lugar un jueves. Al domingo siguiente, el parque del cementerio, como de costumbre, se llen de visitantes, y alrededor del medioda se produjo un gran revuelo, provocado por las palabras de un campesino que, habindose sentado en la tumba del oficial, haba sentido removerse la tierra, como si alguien estuviera luchando abajo.

Al principio nadie prest demasiada atencin a las palabras de este hombre, pero su evidente terror y la terca insistencia con que repeta su historia produjeron, al fin, su natural efecto en la muchedumbre.

Algunos con rapidez consiguieron unas palas, y la tumba, vergonzosamente superficial, estuvo en pocos minutos tan abierta que dej al descubierto la cabeza de su ocupante. Daba la impresin de que estaba muerto, pero apareca casi sentado dentro del atad, cuya tapa, en furiosa lucha, haba levantado parcialmente. Inmediatamente lo llevaron al hospital ms cercano, donde se le declar vivo, aunque en estado de asfixia. Despus de unas horas volvi en s, reconoci a algunas personas conocidas, y con frases inconexas relat sus agonas en la tumba.

Por lo que dijo, estaba claro que la vctima mantuvo la conciencia de vida durante ms de una hora despus de la inhumacin, antes de perder los sentidos. Haban rellenado la tumba, sin percatarse, con una tierra muy porosa, sin aplastar, y por eso le lleg un poco de aire. Oy los pasos de la multitud 4 El entierro prematuro sobre su cabeza y a su vez trat de hacerse or.

El tumulto en el parque del cementerio, dijo, fue lo que seguramente lo despert de un profundo sueo, pero al despertarse se dio cuenta del espantoso horror de su situacin. Este paciente, segn cuenta la historia, iba mejorando y pareca encaminado hacia un restablecimiento definitivo, cuando cay vctima de la charlatanera de los experimentos mdicos.

Se le aplic la batera galvnica y expir de pronto en uno de esos paroxismos estticos que en ocasiones produce. La mencin de la batera galvnica, sin embargo, me trae a la memoria un caso bien conocido y muy extraordinario, en que su accin result ser la manera de devolver la vida a un joven abogado de Londres que estuvo enterrado dos das. Esto ocurri en , y entonces caus profunda impresin en todas partes, donde era tema de conversacin.

El paciente, el seor Edward Stapleton, haba muerto, aparentemente, de fiebre tifoidea acompaada de unos sntomas anmalos que despertaron la curiosidad de sus mdicos. Despus de su aparente fallecimiento, se pidi a sus amigos la autorizacin para un examen postmortem autopsia , pero stos se negaron. Como sucede a menudo ante estas negativas, los mdicos decidieron desenterrar el cuerpo y examinarlo a conciencia, en privado. Fcilmente llegaron a un arreglo con uno de los numerosos grupos de ladrones de cadveres que abundan en Londres, y la tercera noche despus del entierro el supuesto cadver fue desenterrado de una tumba de ocho pies de profundidad y depositado en el quirfano de un hospital privado.

Al practicrsele una incisin de cierta longitud en el abdomen, el aspecto fresco e incorrupto del sujeto sugiri la idea de aplicar la batera. Hicieron sucesivos experimentos con los efectos acostumbrados, sin nada de particular en ningn sentido, salvo, en una o dos ocasiones, una apariencia de vida mayor de la norma en cierta accin convulsiva.

Era ya tarde. Iba a amanecer y se crey oportuno, al fin, proceder inmediatamente a la diseccin. Pero uno de los estudiosos tena un deseo especial de experimentar una teora propia e insisti en aplicar la batera a uno de los msculos pectorales. Tras realizar una tosca incisin, se estableci apresuradamente un contacto; entonces el paciente, con un movimiento rpido pero nada convulsivo, se levant de la mesa, camin hacia el centro de la habitacin, mir intranquilo a su alrededor unos instantes y entonces habl.

Lo que dijo fue ininteligible, pero pronunci algunas palabras, y silabeaba claramente. Despus de hablar, se cay pesadamente al suelo. Durante unos momentos todos se quedaron paralizados de espanto, pero la urgencia del caso pronto les devolvi la presencia de nimo. Se vio que el seor Stapleton estaba vivo, aunque sin sentido. Despus de administrarle ter volvi en s y rpidamente recobr la salud, retornando a la sociedad de sus amigos, a quienes, sin embargo, se les ocult toda noticia sobre la resurreccin hasta que ya no se tema una recada.

Es de imaginar la maravilla de aquellos y su extasiado asombro. El dato ms espeluznante de este incidente, sin embargo, se encuentra en 5 lo que afirm el mismo seor Stapleton.

Declar que en ningn momento perdi todo el sentido, que de un modo borroso y confuso perciba todo lo que le estaba ocurriendo desde el instante en que fuera declarado muerto por los mdicos hasta cuando cay desmayado en el piso del hospital. Sera fcil multiplicar historias como stas, pero me abstengo, porque en realidad no nos hacen falta para establecer el hecho de que suceden entierros prematuros.

Cuando reflexionamos, en las raras veces en que, por la naturaleza del caso, tenemos la posibilidad de descubrirlos, debemos admitir que tal vez ocurren ms frecuentemente de lo que pensamos. En realidad, casi nunca se han removido muchas tumbas de un cementerio, por alguna razn, sin que aparecieran esqueletos en posturas que sugieren la ms espantosa de las sospechas.

La sospecha es espantosa, pero es ms espantoso el destino. Puede afirmarse, sin vacilar, que ningn suceso se presta tanto a llevar al colmo de la angustia fsica y mental como el enterramiento antes de la muerte.

La insoportable opresin de los pulmones, las emanaciones sofocantes de la tierra hmeda, la mortaja que se adhiere, el rgido abrazo de la estrecha morada, la oscuridad de la noche absoluta, el silencio como un mar que abruma, la invisible pero palpable presencia del gusano vencedor; estas cosas, junto con los deseos del aire y de la hierba que crecen arriba, con el recuerdo de los queridos amigos que volaran a salvarnos si se enteraran de nuestro destino, y la conciencia de que nunca podrn saberlo, de que nuestra suerte irremediable es la de los muertos de verdad, estas consideraciones, digo, llevan el corazn an palpitante a un grado de espantoso e insoportable horror ante el cual la imaginacin ms audaz retrocede.

No conocemos nada tan angustioso en la Tierra, no podemos imaginar nada tan horrible en los dominios del ms profundo Infierno.

Y por eso todos los relatos sobre este tema despiertan un inters profundo, inters que, sin embargo, gracias a la temerosa reverencia hacia este tema, depende justa y especficamente de nuestra creencia en la verdad del asunto narrado. Lo que voy a contar ahora es mi conocimiento real, mi experiencia efectiva y personal Durante varios aos sufr ataques de ese extrao trastorno que los mdicos han decidido llamar catalepsia, a falta de un nombre que mejor lo defina.

Aunque tanto las causas inmediatas como las predisposiciones e incluso el diagnstico de esta enfermedad siguen siendo misteriosas, su carcter evidente y manifiesto es bien conocido. Las variaciones parecen serlo, principalmente, de grado. A veces el paciente se queda un solo da o incluso un perodo ms breve en una especie de exagerado letargo.

Est inconsciente y externamente inmvil, pero las pulsaciones del corazn an se perciben dbilmente; quedan unos indicios de calor, una leve coloracin persiste en el centro de las mejillas y, al aplicar un espejo a los labios, podemos detectar una torpe, desigual y vacilante actividad de los pulmones. Otras veces el trance dura semanas e incluso meses, mientras el examen ms minucioso y las 6 pruebas mdicas ms rigurosas no logran establecer ninguna diferencia material entre el estado de la vctima y lo que concebimos como muerte absoluta.

Por regla general, lo salvan del entierro prematuro sus amigos, que saben que sufra anteriormente de catalepsia, y la consiguiente sospecha, pero sobre todo le salva la ausencia de corrupcin. La enfermedad, por fortuna, avanza gradualmente. Las primeras manifestaciones, aunque marcadas, son inequvocas.

Los ataques son cada vez ms caractersticos y cada uno dura ms que el anterior. En esto reside la mayor seguridad, de cara a evitar la inhumacin. El desdichado cuyo primer ataque tuviera la gravedad con que en ocasiones se presenta, sera casi inevitablemente llevado vivo a la tumba.

Mi propio caso no difera en ningn detalle importante de los mencionados en los textos mdicos. A veces, sin ninguna causa aparente, me hunda poco a poco en un estado de semisncope, o casi desmayo, y ese estado, sin dolor, sin capacidad de moverme, o realmente de pensar, pero con una borrosa y letrgica conciencia de la vida y de la presencia de los que rodeaban mi cama, duraba hasta que la crisis de la enfermedad me devolva, de repente, el perfecto conocimiento.

Otras veces el ataque era rpido, fulminante. Me senta enfermo, aterido, helado, con escalofros y mareos, y, de repente, me caa postrado.

Entonces, durante semanas, todo estaba vaco, negro, silencioso y la nada se converta en el universo. La total aniquilacin no poda ser mayor. Despertaba, sin embargo, de estos ltimos ataques lenta y gradualmente, en contra de lo repentino del acceso.

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Los simples novelistas deben evitarlos si no quieren ofender o desagradar. Pero en estos relatos lo excitante es el hecho, la realidad, la historia. Presentaba todas las apariencias comunes de la muerte. Faltaba el calor.

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